¡Con nuestra alegre rebeldía, a conquistar los derechos como clase!

2“Algún día el yunque, cansado de ser yunque, pasará a ser martillo” –Mijaíl Bakunin-

La urgente necesidad de aprender del pasado para construir nuevos caminos que permitan llenar de victoria y dignidad las luchas de las de abajo, se presenta hoy como una tarea inaplazable tras la fatídica derrota que ha significado para el grueso de las trabajadoras[1] y la población en general la avalancha neoliberal que amenaza con destruir todos los derechos básicos que en su momento la organización y la lucha conquistaron.

Hoy, en medio de incesantes discursos que desde los medios hegemónicos de comunicación reproducen la idea de la prosperidad económica que prepara los caminos para la “paz”, muchas de nosotras vivimos una realidad muy distinta que protagoniza el grueso de las trabajadoras: la miseria y el hambre que ocultan las estadísticas oficiales, la degradación de las condiciones de trabajo que hoy evocan más del 50% (cifras oficiales) de la población laboral, llamada eufemísticamente informal, que se rebuscan la vida trabajando durante horas, a veces días enteros, para poder sobrevivir, soportando la imposibilidad de acceder a un servicio de salud digno y gratuito, a una estabilidad laboral que le permita tener la certeza de un buen mañana, o simplemente a envejecer con las garantías de que la vida de entrega al trabajo será recompensada con estabilidad económica.

De forma desoladora las banderas que durante años han llenado de contenido la conmemorativa fecha del primero de mayo se reúnen con una dramática vigencia: ocho horas de trabajo diario, que es apenas lo mínimo que trabajan empleados con contratos estables en el país; derecho a la organización sindical, mientras muchas empresas por vía del engaño suprimen las posibilidades de asociación sindical cuando no lo hacen por vía de la ilegalidad que amenaza y asesina para generar zozobra entra las trabajadoras (Los casos de Pacific Rubiales, Nestle o Coca-Cola son emblemáticos); formas de contratación que garanticen estabilidad laborar, acceso a salud y pensión y condiciones de trabajo dignas, en un país donde lejos de ser éstos derechos básicos y universales, son posibilidades restringidas para quienes las pueden costear. Quizá hoy más que nunca el grueso de las trabajadoras viven en condiciones de precariedad empujadas por las amañadas formas de contratación que el capital ha impuesto como garantía para su supervivencia.

A este evidente y descarado cuadro de desigualdad debemos sumar la complicidad y el fraude que lubrica la política del país y que nos recuerda que las posibilidades de avanzar en construir condiciones dignas de vida para la clase no vendrán de arriba como regalos de quienes hoy envían la fuerza pública para reprimir la protesta social, sino de la fuerza y la creatividad que tenga la organización popular para instalar en el común de la gente la importancia de trabajar unidas.

Por eso hoy no sólo conmemoramos a las huelguistas libertarias que en 1886 dieron su vida en un patíbulo de chicago por defender las jornadas laborales de ocho horas y el derecho a la organización sindical, o a las miles de trabajadoras asesinadas en Santa Marta y Barrancabermeja en las fatídicas masacres obreras de la primera mitad del siglo XX que la literatura colombiana no se cansa de denunciar y que hoy parecen retornar en los campos de trabajo, casi esclavos, de Pacific Rubiales o la Chiquita Brands.

Marchamos hoy para llenar de fuerzas a quienes fueron y son nuestras profesoras y hoy se encuentran en paro exigiendo condiciones dignas para el ejercicio de la labor docente, a los sectores mineros que han parado y se han movilizado exigiendo el derecho al trabajo digno, a las compañeras de la USO amenazadas y perseguidas por defender los intereses de las trabajadoras frente al capital trasnacional y nacional, a los sectores rurales que reunidos en la Cumbre Agraria vuelven a sentir la traición de la demagógica clase política, a nuestras madres y vecinas que día a día se levantan para sostener con esfuerzo un hogar, y a los padres que rompiendo con el mito patriarcal se suman a la tarea del trabajo doméstico y familiar, a quienes viven con salarios de miseria, a quienes cantan en los buses, a las trabajadoras, estudiantes y profesoras de universidades públicas que cansadas de ser ignoradas hoy se suman (o nos sumamos) en estas jornadas de movilización y paro…. En fin, a quienes obligadas a ser yunques se levantan como martillos que trabajan, sueñan y crean, a las invisiblizadas por la historia oficial y a quienes se les niega el derecho a vivir dignamente. Es a ellas a quienes hoy, con nuestra alegre rebeldía, conmemorarnos y celebramos.

¡Los derechos no se mendigan, se arrancan al calor de la lucha organizada!
¡Arriba las que luchan!

Acción Libertaria Estudiantil (ALE)
Mayo 2015

[1] El femenino es intencional. Hace alusión al concepto no sexista de personas, que preferimos frente al concepto individuo, históricamente vinculado a los hombres y la cultura patriarcal.

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